Edhasa

Realizar una búsqueda avanzada +

  • Descripción de la imagen 1

La voz de los niños de la guerra exiliados en Argentina

  • Periodista: Milena Heinrich
  • Publicada en: Télam,

Configurado en siete capítulos a modo de cuentos que cabalgan entre el ensayo histórico y la narrativa, "El viaje de los niños" combina el testimonio oral de los protagonistas exiliados de la Europa fatal con su contexto sociohistórico, reelaborado por Bjerg para complementar la "memoria fragmentaria" de los entrevistados.

La historiadora se propuso investigar aquel terreno que quedó ajeno en la infinidad de estudios desarrollados en el campo de las migraciones en la Argentina, y en ese camino se topó con la dificultad concreta de encontrar un registro escrito de las voces de los niños protagonistas.

Por eso -cuenta en diálogo con Télam- "acudí a la historia oral y finalmente terminé estudiando de manera casi azarosa a este grupo de niños que, además de ser inmigrantes son inmigrados porque vienen como refugiados o exiliados. Por una cuestión de edad, todos tienen la característica de haber vivido en la guerra".

María Bjerg es Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires e investigadora del CONICET, también realizó estudios postdoctorales en universidades de Chicago y California. Reconocida por su desarrollo en el campo de la inmigración, tiene en su haber los títulos "Historias de la Inmigración en la Argentina", "El mundo de Dorothea. La vida cotidiana en la frontera de Buenos Aires en el siglo XIX", entre otros.

Con un puñado de protagonistas, la autora recupera los hilos de la matriz que atravesaron estas voces silenciadas -la mayoría de apenas 3 o 4 años- que tras los adultos fueron recorriendo caminos con el silencio a cuestas, a la par que forjaron identidades y experiencias en la Argentina de fines de la década del 40.

Editado por Edhasa, el libro desnuda los entramados de la memoria para comprender cómo se reconstruyen las trayectorias personales y cómo actúan las representaciones de la infancia y dejar en claro que la acción de recordar sólo es posible a partir de los otros.

¿Hasta qué punto esos recuerdos no son proyecciones de los adultos? Para la historiadora "hay memorias concretas de la infancia que los han marcado con imágenes y episodios pincelados. Sin embargo, la capacidad de hilvanar eso en un relato memorístico está forjado por lo que los adultos les contaron".

Desde esa perspectiva, ejemplifica que "muchos tienen una memoria adulta configurada en el seno de su familias o en el grupo de pertenencia, que aparece fuertemente marcada en aquellos que huyeron de Europa del Este".

Según Bjerg, estos adultos proyectan de su infancia "una memoria atravesada por una ideología anticomunista pero lo cierto es que cuando eran niños ese componente no formaba parte de su vida cotidiana, es parte de lo que configura una memoria colectiva".

De un manojo de recuerdos sensitivos y borrosos como sabores y aromas, Bjerg apela a la visibilización de los símbolos, como una forma de revelar al lector lo que significan para la memoria. "Me gustan mucho esas pequeñísimas entradas, esos puntos oscuros pero que una vez que logras atravesarlo te iluminan todo un panorama".

Expulsados por la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo de la Revolución Soviética y las disputas de posguerra, varios personajes de este libro fueron recorriendo distintos puntos del globo en busca de un nuevo hogar que los albergara, alejado de los conflictos y las persecuciones.

Ejemplo de esto es el caso de Rossette, una niña judía, que junto a su familia emprendió un viaje clandestino por fronteras europeas; quedó en manos de padres adoptivos, cambió su nombre para convertirse en Anette, vivió en un hogar de refugiados y aprendió que la única arma contra la fatalidad es el silencio.

O la historia de Juan Flores -hijo de un republicano activo- que tuvo que exiliarse a París en una familia dividida para convivir con una experiencia escolar poco feliz, que finalmente lo trajo a los quince años a la Argentina con un par de libros, lápices de colores y la nostalgia de aquel peluche que perdió en el camino.

La recopilación de estas historias acercó a estos niños hoy adultos a una dimensión superior: "Muchos descubrieron esa capacidad de rebuscar entre sus recuerdos para armar un relato, una memoria narrativa pero también de la relevancia y lo extraordinaria que habían sido sus infancias", destaca Bjerg.

En ese aspecto, la autora imagina que "les aportó algo nuevo pero que en parte ellos ven a sus historias como perspectivas únicas de un contexto más general del que no eran plenamente concientes".

Refugiados en la Argentina, estos hombres y mujeres adultos buscan perpetuar su historia para las próximas generaciones: "La a mayoría tenían una cierta dificultad para asegurar la transmisión. Pensaban que cuando les contaban sus hijos no podían recuperar completamente el sentido por lo que habían pasado", cuenta.

Alojados en la Patagonia, Mar del Plata o Buenos Aires, con padres que encontraron en suelo argentino la bisagra hacia un futuro mejor, los protagonistas de este libro guardan en sus entrañas la memoria de un pasado que pasó pero que no se borra.

Esa infancia, entonces, es recreada en este presente por lenguas ya perdidas, olores confundidos, tradiciones y recuerdos latentes pero lejanos que los hace ser quienes son.

La historiadora asegura que el trabajo implicó un "complejo" equilibro analítico: "Tuve que tomar la suficiente distancia para no involucrarme con ese componente ideológico que marca la memoria de ellos pero que no tiene que ver con su infancia".

Y no sólo eso, "también tuve que lidiar un poco con los colegas que plantados en el lugar de los intelectuales progresistas de la Argentina del siglo XXI me invitaban a tomar un partido en esos bandos que habían rasgado horrendamente a esas sociedades".(Télam).- mh-mc-rb 06/07/2012 15:27