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Física y química de los sentimientos

  • Periodista: Marina Artusa
  • Publicada en: Clarín,

Como si hubiera espiado en los detalles de su vida doméstica –a usted le hablo– o de la mía, esta vez Paolo Giordano fue todavía más lejos. Ni en La soledad de los números primos –el debut narrativo de este doctor en física cuántica de 33 años que vendió más de siete millones de libros– ni en El cuerpo humano –una novela sobre los vínculos en tiempos de guerra en Afganistán– Giordano se filtró tanto en la intimidad de un hogar para narrar los mecanismos sutiles de quienes lo habitan: una pareja joven con un hijo chiquito y una empleada, la señora A, a cargo de las tareas de la casa y el cuidado del nene.

Como de la familia – Il nero e l’ argento , su título original– cuenta el rol que la señora A –cariñosamente llamada a sus espaldas Babette por sus patrones en alusión a la dedicación por cocinarles tal cual lo hacía el personaje de la película La fiesta de Babette – desempeñó en la vida de esta pareja. Y cómo, a partir de su enfermedad, ese vínculo cambió junto con la percepción que cada uno de los personajes tenía de la señora A y de sí mismos. “Se podría decir que la familia es el laboratorio perfecto para reconocer todas las dinámicas del comportamiento humano. Hablo como físico –dice Giordano desde el bar de Piazza Carlo Emmanuele II, una de sus favoritas de Turín, donde nació y vive–. Además, la idea de familia es una idea verdaderamente común a todos nosotros. Todos tenemos un vínculo complicado con la familia que no se termina nunca. Primero es la familia de la que venimos, luego la familia que elegimos y después la que formamos y en la cual debemos navegar. La familia ocupa gran parte de mi cabeza. Y eso se ve en mi escritura.”

–Es la primera vez que Giordano, un escritor tímido, escribe en primera persona. ¿Te dio vértigo?
–Es la primera vez que me permito escribir basándome en los movimientos interiores de quien cuenta la historia. Por primera vez me confié sólo a las reflexiones. Tenía en mente el personaje, que está inspirado en una persona que de verdad estuvo trabajando en mi casa durante algunos años, y que luego se enfermó. Y desde que se enfermó, yo empecé a tomar apuntes. Anotaciones sobre ella, sobre su enfermedad. Fue hace cinco años. Durante un año tomé apuntes. Luego los dejé. Pasó otro año y cuando volví sobre esas notas, me di cuenta de que había muchísimo material. Y en pocos meses logré armar esta historia que responde también a una exigencia de escribir sobre algo más cotidiano, más minimalista, luego de El cuerpo humano que me había chupado toda la energía que podía tener.

–¿Describís la física de los sentimientos?
–A mí lo que me gusta es combinar un ámbito científico y tratar de aplicarlo a cualquier otra cosa más humana, más sentimental. Lo que me gusta es que uno puede construir una analogía hasta cierto punto. Luego, en realidad, no funciona porque el mundo sentimental es mucho más caótico, menos determinista. Si fuera física, sería la física moderna, la del siglo XX, que ya ha abandonado un poco las estructuras rígidas del determinismo y confía más en las cosas que no se conocen del todo.

–¿Se podría decir que es un libro autobiográfico?
–Más allá de que las cosas que se cuenten sean verdaderas o no, que en realidad no tiene ninguna importancia, el sentido que hay en el libro estaba muy en línea conmigo en ese momento. Y esto está ligado al hecho de hablar por primera vez en primera persona. No la había usado nunca tanto. Siempre me ha parecido que es un recurso para utilizar con gran cautela. En cambio esta vez, me sentía muy natural escribir en primera persona. En general no me parece que sea positivo. No lo haría jamás en un libro largo. Me parece un error.

–¿Por qué?
–Porque para mí es importante que un escritor se convierta en alguien muy diferente a sí mismo cuando escribe. Que pueda sorprenderse a sí mismo, maravillarse de hasta dónde la escritura lo lleva. En esta nouvelle , porque no es una novela, es una nouvelle , tenía la intención de contar sólo una porción de la vida de esta persona. Sabía que, de otro modo, desaparecería de mi memoria. Es un libro que no tiene grandes conmociones en su interior. Después de una novela como El cuerpo humano en la que los muchachos encontraban la muerte de un modo violento y estaban en contacto con situaciones que los desbordaban, aquí todo es extremadamente cotidiano, normal, muy guiado por unracconto de Flaubert que se llama Un corazón sencillo , que fue un poco mi referencia para este libro.

–¿Cómo se escribe un libro intimista?
–Cuando tomo apuntes es como si ya tuviera un filtro. No escribo desde mí, desde Paolo, sino que son apuntes ya tomados con la mirada de quien debe contarlo. Es un ejercicio que se vuelve cada vez más constante, más natural en mí. Vivo pero siempre hay una parte de mí que vigila, que es luego la que escribe. Tengo un modo de trabajar muy desventajoso desde un punto de vista económico. Escribo el doble de lo que luego integra el libro. Por lo general trato seguir el principio según el cual no hay que censurarse jamás en la propia extensión de escribir, no hay que dejarse bloquear por el sentido crítico ni el juicio sobre lo que se está haciendo.

–¿Qué implica un desafío mayor: escribir novelas de grandes sucesos o historias mínimas?
–No podría decir cuál de las dos opciones implica más o menos desafío. Ahora estoy buscando una gran historia y no creo que sea más sencillo contarla. Creo que cuando se va al terreno de la imaginación, esto es muy personal, para mí es la parte más difícil. Lo que tiene que ver con el análisis, la introspección, las partes de descripción de las pequeñas dinámicas me resulta más natural porque de algún modo es mi modo de funcionar también como persona. Pero entregarme al vacío de la imaginación me resulta un ejercicio violento.

–Este libro es, aparentemente, muy distinto a los anteriores pero hay temas recurrentes: la familia, el cuerpo…
–Hay muchísimas similitudes entre los dos últimos libros ( El cuerpo humano Como de la familia ). Al final, parece muy diferente la ambientación pero yo no he sentido una discontinuidad. Esta idea del cuerpo de la señora A, enfermo y considerado fríamente, tratado con este léxico médico que pone distancia y que es también agresivo me interesaba mucho. Mientras que la señora A lleva adelante una concepción del cuerpo que es una dimensión más simple y que tiene que ver con el cuidado. Lo primero que ella hace es preparar de comer.

–¿Qué es lo que más te conmovió del vínculo con la señora A de la vida real y con la de la ficción?
–Una de las cosas que más me fascina es pensar el vínculo asimétrico que se crea entre las personas que trabajan en casas de familia y los integrantes de ese hogar. Estas personas saben tanto de uno, conocen aspectos muy personales y uno no sabe nada de ellas o conoce poquísimo de sus vidas. Luego llega la enfermedad y esta pareja se ve casi obligada a cuidar de esta señora sola, reequilibra la relación y la empareja. Ya no es más un vínculo de patrón-empleada sino de pares. No se puede tener relaciones parejas en todos los aspectos de nuestra vida.

–“Para recorrer un largo camino, todo amor necesita que alguien lo vea y lo reconozca, que lo valore; de otro modo, se arriesga a que lo tomen por un malentendido. Sin su mirada, nos sentíamos en peligro”, dice el narrador de Como de la familia en sus primeros capítulos. ¿Es una expresión literaria funcional al relato o se trata de una idea a la que adherís?
–Lo que fue un verdadero cambio fue que en la primera versión, esta señora estaba muy en el centro de la historia. Era propiamente un libro sobre ella. Y luego, cuando tuve dos o tres opiniones de lectura, a través de los demás me di cuenta de que había algo más interesante para contar que ella misma: el modo en el que ella hacía de espejo a la pareja. Desde ese momento reescribí todo cambiando el ángulo. Para mí no hay un método que se pueda aplicar. Cada libro implica la construcción de un método para contar esa historia.

–¿Siempre se parte de la realidad?
–Sí. Pero me gustaría partir de algo muy real y contemporáneo para luego ir a un territorio mucho más soñado. Es difícil. Me está costando.

–Sos un autor un poco esquivo a hablar de tu obra. ¿Si nadie te leyera, escribirías igual?
–No. Esto tiene sentido sólo si tiene una dimensión relacional. Si le llega a alguien y si llega a abrir un espacio en quien me lee. Uno escribe, en definitiva, sobre las cosas que abren interrogantes en uno.